Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de la Epifanía del Señor

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Los pastores y reyes del Oriente visitan a Jesús el Mesías, le llevan regalos y lo adoran con oro, incienso y mirra. Origen de la fiesta: El 6 de enero se celebraba desde tiempos inmemoriales en Oriente, pero con un sentido pagano: En Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía hacia el 6 de Enero. En esta misma fecha, se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos. La fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy es Francia. La historia de los Reyes Magos se puede encontrar en Mateo 2, 1-12 “Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en

Oración Para Consagrar a Tus Hijos a La Virgen Maria,

“Oh Madre de bondad, tres veces admirable, Tú que eres Madre del Hijo de Dios, y que nos adoptaste como hijos, comprendes muy bien cuan sublime, grandiosa y bella es la misión que nos fue confiada como padres de familia.

En nuestras manos, Dios colocó el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Nos dio el poder de colaborar con Él en la creación, educación y formación de los hombres del mañana. Conscientes de nuestra responsabilidad y conociendo la realidad de la vida, nos sentimos incapaces de, solamente por nuestros medios, realizar la gran misión que nos fue confiada. Por eso, Madre, llenos de confianza, nos arrodillamos delante de Ti, para confiarte y consagrar a nuestros hijos. Sabes bien cuantos son los peligros a los que están expuestos y como el mundo y el demonio los persiguen, queriendo destruir su dignidad de hijos de Dios, lanzándolos al pecado.

Madre, te suplicamos humildemente: ¡ven en auxilio de nuestros hijos y revela en ellos tu admirable arte de educar! Recíbelos en tu bondadoso corazón, ayúdalos y ampáralos en todas las dificultades, sobre todo en las horas de la tentación. Consérvalos puros y enséñales a luchar siempre por el bien. Extiéndeles tu mano y guíalos hacia Dios. Apártalos de las malas compañías y líbralos del mal.

Guarda en ellos la gracia santificante que recibieron en el Bautismo y no permitas que ofendan a Dios por pecados graves.

Madre querida, cela por nuestros hogares y por nuestros hijos. Cuida para que jamás falte el pan material y el alimento espiritual. Haz crecer en nosotros la fe, la esperanza y la caridad. Suscita entre nosotros costumbres cristianas, prácticas de buenas obras y espíritu de sacrificio. Ayúdanos a tener actitudes cristianas, de caridad fraterna, perdón mutuo y solidaridad.

Se tú la Madre y Educadora de nuestros hijos. Que ellos vivan verdaderamente como hijos de Dios. Encamínalos hacia la vocación que el Padre Celestial pensó para ellos desde la eternidad. Guíalos en la vida y acompáñalos en la hora de la muerte.

Ayúdanos, Madre, para que como padres seamos para nuestros hijos verdaderas imágenes de Dios, a fin de que encuentren en nosotros todo el apoyo, amor y comprensión que necesiten.

Ven y quédate en nuestra casa. Hazlo semejante al hogar de Nazaret, para que reine siempre la paz, la unión, la alegría y el amor.”

Amén


Extraído del libro: “Serán una sola carne”
Prof. Felipe Aquino


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