Artaban El Cuarto Rey Mago

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EL CUARTO REY MAGO Hay una leyenda que sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros. Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda. Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados e infortunados y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido. Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la e...

Ocho consejos para mejorar el servicio de lectores durante la Misa:

Ocho consejos para mejorar el servicio de lectores durante la Misa:

1.- Antes de empezar la lectura, coloquemos el micrófono a una cuarta (más o menos) de la boca.

2.- Leamos la lectura previamente. Mejor dos veces, una primera para saber que dice el texto; y una segunda para fijarse en las palabras o nombres que nos puedan resultar difíciles. Y mucho mejor leerla en voz alta.

3.- Es decisivo comenzar nuestra lectura de forma pausada, nunca con precipitación. Así los fieles podrán seguir y enterarse de lo que se lee.

4.- Para que se nos oiga y entienda bien, son importantes dos cosas: llenarnos de aire y la segunda es abrir bien la boca para que podamos proyectar nuestra voz adecuadamente.

5.- Durante la lectura debemos mantener la ilusión de que prestamos nuestra voz a la Palabra de Dios y servimos a nuestra comunidad.

6.- Si nos equivocamos nos detenemos un instante y la volvemos a decir con calma. No hace falta pedir perdón.

7.- Los silencios en nuestra lectura son esenciales. Las pausas hacen que brillen especialmente las palabras. Aprovecharemos para respirar, y casi seguro que nos haremos escuchar.

8.- Cuando termines la lectura, espera unos segundos y mirando a los asistentes, di con cierta solemnidad: 

PALABRA DE DIOS. Esperas respuesta y te retiras con la debida reverencia.

( consejos de un locutor profesional, católico comprometido y profesor de lectura en Misa )

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