Hoy se celebra la fiesta de San Antonio Abad, copatrono de los animales

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Cada 17 de enero se celebra la fiesta de San Antonio Abad, ilustre padre de los monjes cristianos y modelo de espiritualidad ascética. Antonio, nació en Egipto alrededor del año 250, en el seno de una familia de labradores acaudalados. Tendría unos 18 o 19 años cuando, participando de la Eucaristía, escuchó la Escritura y quedó prendado de las palabras de Jesús cuando dice: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres” (Mt 19, 21). El monje debe dejar todo atrás Cuando murieron sus padres -Antonio tenía unos 20 años- decidió llevar a la práctica aquel mandato de Jesús, repartió sus bienes entre los pobres y se marchó al desierto. Allí vivió como “ermitaño”, dedicado a la penitencia y la vida de oración. Durante un tiempo vivió en una ermita que él mismo construyó, al lado de un cementerio. Esa “cercanía” con la muerte despertó en su corazón muchas reflexiones en torno a la vida del Señor Jesús. Rumiaba en su espíritu aquella verdad insondable

Ocho consejos para mejorar el servicio de lectores durante la Misa:

Ocho consejos para mejorar el servicio de lectores durante la Misa:

1.- Antes de empezar la lectura, coloquemos el micrófono a una cuarta (más o menos) de la boca.

2.- Leamos la lectura previamente. Mejor dos veces, una primera para saber que dice el texto; y una segunda para fijarse en las palabras o nombres que nos puedan resultar difíciles. Y mucho mejor leerla en voz alta.

3.- Es decisivo comenzar nuestra lectura de forma pausada, nunca con precipitación. Así los fieles podrán seguir y enterarse de lo que se lee.

4.- Para que se nos oiga y entienda bien, son importantes dos cosas: llenarnos de aire y la segunda es abrir bien la boca para que podamos proyectar nuestra voz adecuadamente.

5.- Durante la lectura debemos mantener la ilusión de que prestamos nuestra voz a la Palabra de Dios y servimos a nuestra comunidad.

6.- Si nos equivocamos nos detenemos un instante y la volvemos a decir con calma. No hace falta pedir perdón.

7.- Los silencios en nuestra lectura son esenciales. Las pausas hacen que brillen especialmente las palabras. Aprovecharemos para respirar, y casi seguro que nos haremos escuchar.

8.- Cuando termines la lectura, espera unos segundos y mirando a los asistentes, di con cierta solemnidad: 

PALABRA DE DIOS. Esperas respuesta y te retiras con la debida reverencia.

( consejos de un locutor profesional, católico comprometido y profesor de lectura en Misa )

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