Hoy se celebra la fiesta de San Antonio Abad, copatrono de los animales

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Cada 17 de enero se celebra la fiesta de San Antonio Abad, ilustre padre de los monjes cristianos y modelo de espiritualidad ascética. Antonio, nació en Egipto alrededor del año 250, en el seno de una familia de labradores acaudalados. Tendría unos 18 o 19 años cuando, participando de la Eucaristía, escuchó la Escritura y quedó prendado de las palabras de Jesús cuando dice: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres” (Mt 19, 21). El monje debe dejar todo atrás Cuando murieron sus padres -Antonio tenía unos 20 años- decidió llevar a la práctica aquel mandato de Jesús, repartió sus bienes entre los pobres y se marchó al desierto. Allí vivió como “ermitaño”, dedicado a la penitencia y la vida de oración. Durante un tiempo vivió en una ermita que él mismo construyó, al lado de un cementerio. Esa “cercanía” con la muerte despertó en su corazón muchas reflexiones en torno a la vida del Señor Jesús. Rumiaba en su espíritu aquella verdad insondable

Maria Madre de Dios,

Madre de Dios

Cuando declaramos que la Virgen María es Madre de Dios, descubrimos una gran revelación, tanto acerca de Jesús como de ella misma.

El misterio de la Virgen María, en el plan salvífico de Dios, se manifiesta en el honor que la Iglesia primitiva le rindió llamándola "Madre de Dios" casi desde el principio. Con este título, la Iglesia proclamó la verdad esencial de que "Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer... para rescatarnos... y concedernos gozar de los derechos de hijos de Dios" (Gálatas 4, 4-5). Tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para que, por su muerte y su resurrección, todos llegásemos a disfrutar de la vida eterna.

Cuando declaramos que la Virgen María es Madre de Dios, descubrimos una gran revelación, tanto acerca de Jesús como de ella misma. Cada suceso de la vida de Cristo, desde su encarnación hasta su cruz, resurrección y ascensión al trono del Padre, es prueba del infinito amor de Jesús a los seres humanos, como también de su condición divina. Las Escrituras dicen que María guardaba todas estas cosas en su interior, meditándolas en su corazón, y lo hacía porque atesoraba aquellos acontecimientos como revelaciones divinas.

María tenía una fe profunda en Dios, que la había llamado de un modo tan especial, de manera que no cabría pensar que meditar en los misterios de Dios fuese algo nuevo en su vida, y ella cooperó de buena gana con el plan divino de la salvación, demostrando así que se había consagrado a Dios incluso desde antes de que el ángel la visitara. ¿Por qué? Porque tenía el profundo deseo de hacer lo que estuviera de su parte para que se cumplieran a cabalidad los designios del Altísimo.

La vida de la Virgen María encierra una gran enseñanza para todos los creyentes. Es preciso que, en la oración, reflexionemos sobre las verdades de Dios y las atesoremos en el corazón, para que también nosotros seamos portadores de la palabra de vida para la salvación de nuestros seres queridos y de todo el mundo. Naturalmente, para hacerlo hemos de ser seguidores de Jesús y cumplidores de su Palabra, y para ello necesitamos hacer oración diaria, estudiar la Sagrada Escritura y acudir asiduamente a los sacramentos, especialmente la Sagrada Eucaristía.

¡Qué privilegio significa para nosotros poder llevar a Cristo a otras personas oh, mejor dicho, llevar a otras personas a Cristo!

Tomado de marianos.org


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