Artaban El Cuarto Rey Mago

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EL CUARTO REY MAGO Hay una leyenda que sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros. Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda. Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados e infortunados y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido. Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la e...

Hoy Recordamos a los 7 Santos Fundadores de los Siervos de María, amigos que se santificaron juntos

Cada 17 de febrero la Iglesia celebra a los Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María, los “servitas”.

En el siglo XIII, un grupo de siete jóvenes -la mayoría de origen noble- originarios del reino de Florencia (hoy parte de Italia) decidieron abandonar sus riquezas para entregar sus vidas al servicio de Cristo y su Evangelio. Para poder dar aquel gran paso, los siete se encomendaron fervientemente a la Madre de Dios. Con el tiempo, el grupo daría lugar a lo que se conoce como la Orden de los Siervos de María.

Amigos en Cristo y María
 
El 15 de agosto de 1233 (fiesta de la Asunción de María) la Virgen se apareció a un grupo de siete jóvenes, casi todos de buena posición económica, dedicados al comercio. La Virgen María les pidió que renuncien al mundo y se dediquen exclusivamente a Dios y a los necesitados. En ese momento, los jóvenes ya eran parte de una cofradía llamada “los Laudenses'', en la que vivían hermosamente la piedad filial a María, pero la solicitud directa de la Madre de Dios hizo que asumieran un llamado distinto. 

Así, Buonfiglio dei Monaldi (Bonfiglio), Giovanni di Buonagiunta (Bonagiunta), Bartolomeo degli Amidei (Amadeo), Ricovero dei Lippi-Ugguccioni (Hugo), Benedetto dell’Antella (Maneto), Gherardino di Sostegno (Sosteño) y Alesio de Falconieri (Alejo) repartieron todo su dinero entre los pobres y se retiraron al Monte Senario, cerca de Florencia, a rezar y a hacer penitencia. Allí construyeron una Iglesia y una ermita, en la que vivieron austeramente por años.  

Hijos de María, siervos de Dios

En 1239, los siete fundaron la orden religiosa de “los Siervos de María”, conocidos también como la “Orden de los Servitas”, o simplemente “servitas”; después de que la Virgen se les apareciese de nuevo pidiéndoles que sigan las reglas de San Agustín para la vida en común, y les mostrase un hábito negro, recomendándoles que lo llevasen en memoria de la Pasión de su Hijo.

Al amparo de la Madre

Para el año siguiente, 1240, los servitas ya se habían hecho conocidos en toda Florencia e iban extendiendo rápidamente su obra, llegando a fundar otros conventos e iglesias. 

La característica de esta congregación es la devoción a la Santísima Virgen, la vida en soledad y el retiro. 

¿Quieres saber más sobre San Alejo Falconieri?

Lee este artículo de la Enciclopedia Católica.

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