Que Tan Grande Era La Fe De Abraham Hacia Dios,

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¿SABÍAS QUE DIOS LE PIDIÓ A ABRAHAM ENTREGAR LO MÁS VALIOSO DE SU VIDA… NO PARA DESTRUIRLO, SINO PARA REVELAR HASTA DÓNDE LLEGABA SU FE? Isaac no era un hijo cualquiera. Era el milagro que llegó cuando todo parecía imposible. La promesa que Abraham esperó durante años. La prueba viviente de que Dios todavía podía hacer nacer esperanza donde ya no quedaban fuerzas humanas. Por eso, cuando Dios le pidió subir al monte Moriah y entregarle a su hijo… la petición parecía incomprensible. Qué momento tan desgarrador. Abraham había esperado toda una vida por aquel niño. Y ahora debía caminar hacia un altar cargando justamente aquello que más amaba. Pero esta historia nunca trató solamente de sacrificio. Trataba de confianza absoluta. Dios quería revelar algo mucho más profundo: si Abraham amaba más al regalo… o al Dios que le había dado el milagro. Porque muchas veces las bendiciones pueden ocupar silenciosamente el lugar que solo le pertenece al Creador. El dinero. Los sueños. Las...

La Mujer Pecadora Unge Los Pies De Jesus, Evangelio De Hoy

Domingo 12 De Junio Del 2016
Lectura Del Santo Evangelio Según San Lucas (7,36–8,3), #EvangelioDeHoy
Tus Pecados Han Sido Perdonados,
 
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
 
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.
 
Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades:
 
María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
L: Palabra del Señor
R: Gloria Ati Señor Jesus

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