Jerico Una Ciudad Impenetrable, Como fue que se Derrumbo ?
¿SABÍAS QUE DIOS DERRIBÓ UNA DE LAS FORTALEZAS MÁS IMPOSIBLES DEL MUNDO… SIN ESPADAS, SIN CATAPULTAS Y SIN MÁQUINAS DE GUERRA?
Jericó era una ciudad impenetrable.
Sus muros eran gigantescos.
Gruesos.
Intimidantes.
Una fortaleza diseñada para resistir cualquier ejército.
Humanamente, Israel no tenía posibilidad de entrar.
No tenían tecnología militar avanzada.
No tenían armas capaces de destruir semejantes murallas.
Y delante de ellos estaba el obstáculo que bloqueaba completamente el camino hacia la Tierra Prometida.
Pero entonces Dios dio una estrategia que parecía absurda.
No les ordenó atacar.
No les pidió construir armas.
Les dijo que marcharan alrededor de la ciudad… en silencio.
Qué impactante.
Durante seis días, el pueblo caminó rodeando Jericó mientras el Arca del Pacto avanzaba al frente.
Y el silencio comenzó a convertirse en tensión.
Los habitantes de Jericó observaban desde arriba sin entender qué estaba ocurriendo.
Mientras tanto, Dios estaba preparando algo mucho más grande que una batalla física.
El séptimo día todo cambió.
El pueblo rodeó la ciudad siete veces.
Los sacerdotes levantaron los shofares.
Y Josué dio la orden.
Entonces miles de voces soltaron un grito al mismo tiempo.
Y en ese instante…
los muros comenzaron a derrumbarse.
No fue un colapso normal.
La Escritura describe un derrumbe sobrenatural que abrió completamente el camino delante de Israel.
Lo que ningún ejército había podido destruir…
cayó cuando el cielo intervino.
Y quizá esa es una de las lecciones más poderosas de Jericó:
hay murallas que no caerán solo con fuerza humana.
Muros de miedo.
Deudas.
Dolor.
Ansiedad.
Adicciones.
Batallas que parecen demasiado grandes para nosotros.
Pero la historia de Josué recuerda algo impresionante:
cuando Dios pelea por alguien, hasta las fortalezas más imposibles comienzan a temblar.
Porque el mismo Dios que derribó los muros de Jericó…
todavía tiene poder para derribar aquello que parecía imposible en tu vida.
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