Hoy la Iglesia Católica Celebra a San Joaquín y Santa Ana, patronos de los abuelos

Image
Cada 26 de julio la Iglesia Católica celebra la Fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen María y abuelos de Jesús. Joaquín y Ana -considerados santos patronos de los abuelos- fueron personas de profunda fe y confianza en las promesas de Dios. Ambos educaron a su hija Santa María en la fe del Pueblo de Israel, alimentando en Ella el amor hacia el Creador y preparándola para su misión. Es a través de ellos como María se suma a esa porción del pueblo escogido que espera la llegada del Salvador de la humanidad. El Papa Emérito Benedicto XVI, un día como hoy, en 2009, resaltaba, a través de las figuras de San Joaquín y Santa Ana, la importancia del rol educativo de los abuelos dentro de la familia. El Papa decía que los abuelos “son depositarios y con frecuencia testimonio de los valores fundamentales de la vida”. En 2013, el Papa Francisco, con ocasión de esta Fiesta, celebrada en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud Río 2013 (Brasil), destacaba

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de San Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe

“¡Amado Juan Diego, ‘el águila que habla’! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón”; con estas palabras, pronunciadas en la homilía de la misa de canonización de San Juan Diego, el Papa San Juan Pablo II le pedía al vidente de la Virgen de Guadalupe que nos muestre el camino de la piedad a nuestra madre María, y que la amemos como él la amó.

De acuerdo a la tradición, San Juan Diego nació en 1474, en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco (hoy territorio mexicano), una región habitada por las etnias chichimecas. Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que significa “Águila que habla” o “El que habla con un águila”.

Siendo adulto y con una familia a cuestas, empezó a sentirse atraído por las enseñanzas de los sacerdotes franciscanos, llegados a territorio mexicano en 1524. Juan Diego recibió el bautismo junto con su esposa, María Lucía. Posteriormente se casarían cristianamente, aunque el matrimonio no duraría mucho debido a la intempestiva muerte de María Lucía.

El 9 de diciembre de 1531, estando Juan Diego de camino por el monte del Tepeyac, se le apareció la Virgen María. La “Señora”, quien se presentó como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”, se dirigió a él y le encomendó que se presente ante el Obispo Capitalino, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, para pedirle en nombre de ella que se construya una Iglesia en aquel lugar.

Juan Diego aceptó llevarle la petición de la Señora al Obispo, pero este no le creyó y se negó al pedido. La Virgen se le apareció de nuevo a Juan Diego y le pidió que insistiera. Al día siguiente, Juan Diego volvió a encontrarse con el Prelado, quien, escéptico, lo interrogó sobre la doctrina cristiana y le pidió pruebas del prodigio que relataba.

El martes 12 de diciembre, la Virgen se presentó nuevamente a Juan Diego y lo consoló, invitándole a subir a la cima de la colina del Tepeyac para que recogiera flores y se las trajera. A pesar de lo agreste del lugar y de que era invierno, San Juan Diego accedió al pedido de la Virgen. Cuando llegó a la cima encontró un brote de flores muy hermosas y las colocó envueltas en su “tilma” (el manto típico con el que se revestían los indios). La Virgen luego le pidió que se las llevara al Obispo.

Estando frente al Prelado, el Santo abrió su “tilma” y dejó caer las flores, dejando expuesta sobre el tejido la imagen de nuestra “Señora”, la Virgen de Guadalupe. Desde ese momento, aquella prodigiosa imagen se convertiría en el corazón espiritual de la Iglesia en México y en una de las mayores devociones marianas del mundo. La Virgen de Guadalupe habría de cambiar el rumbo de la Evangelización de los pueblos americanos y sellaría para siempre la unión entre la cultura hispánica y los pueblos originarios de América.

Con la autorización del Obispo, el templo consagrado a la Virgen de Guadalupe se empezó a construir en el Tepeyac, y San Juan Diego sería el primer custodio del santuario. El Santo, por su lado, construyó una humilde casita para vivir al costado de la Iglesia. Allí permaneció hasta el final de sus días, dedicado al servicio de la “Señora del Cielo”. San Juan Diego limpiaba la capilla y acogía a los peregrinos que visitaban el lugar.

Incontables bendiciones enriquecen la historia de la Virgen de Guadalupe. En ella, San Juan Diego ocupa un lugar primordial: fue un hombre sencillo, indio, laico y devoto de la Madre de Dios. Es una historia que invita a renovar el esfuerzo evangelizador en América y en el resto del mundo. Por Juan Diego, María le regaló a todos sus hijos una prueba más, fehaciente, de su cercanía con todos los pueblos.

San Juan Diego murió en 1548. Hoy, como en aquellos días, sigue siendo pertinente decir, cuando encontramos a un buen hijo: “Que Dios te haga como Juan Diego”.

San Juan Pablo II beatificó a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1990 y lo canonizó en el año 2002. Su fiesta se celebra cada 9 de diciembre.

TOMADO DE ACI PRENSA

Más información en el especial de San Juan Diego


Comments

Popular posts from this blog

Salgan, Salgan, Salgan Animas En Pena,

Oración Para Consagrar a Tus Hijos a La Virgen Maria,

15 Lugares Bíblicos y Su Significado (FOTOS)