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Hoy se celebra la fiesta de San Antonio Abad, copatrono de los animales

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Cada 17 de enero se celebra la fiesta de San Antonio Abad, ilustre padre de los monjes cristianos y modelo de espiritualidad ascética. Antonio, nació en Egipto alrededor del año 250, en el seno de una familia de labradores acaudalados. Tendría unos 18 o 19 años cuando, participando de la Eucaristía, escuchó la Escritura y quedó prendado de las palabras de Jesús cuando dice: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres” (Mt 19, 21). El monje debe dejar todo atrás Cuando murieron sus padres -Antonio tenía unos 20 años- decidió llevar a la práctica aquel mandato de Jesús, repartió sus bienes entre los pobres y se marchó al desierto. Allí vivió como “ermitaño”, dedicado a la penitencia y la vida de oración. Durante un tiempo vivió en una ermita que él mismo construyó, al lado de un cementerio. Esa “cercanía” con la muerte despertó en su corazón muchas reflexiones en torno a la vida del Señor Jesús. Rumiaba en su espíritu aquella verdad insondable

La Extraña Penitencia de San Felipe Neri a una Mujer Chismosa

San Felipe Neri fue el patrono de los educadores y humoristas. El llamado Santo de la Alegría también es famoso por ser un gran confesor, pues trataba a sus penitentes de una manera muy particular.

Este es el caso de una mujer chismosa que se acercó a él para confesarse y la extraña penitencia que este santo le impuso.

San Felipe Neri: “Compras un pollo y me lo traes a mí”

Una señora tenía la costumbre de irse a confesar donde San Felipe  y casi siempre tenía el mismo cuento que decir: el de calumniar a sus vecinos. Por eso, San Felipe, le dijo:

– De penitencia vas a ir al mercado, compras un pollo y me lo traes a mí. Pero de regreso lo vas desplumando, arrojando las plumas en las calles conforme caminas. 

La señora pensó que ésta era una penitencia rara, pero deseando recibir la absolución, hizo conforme se le había indicado y por fin regresó donde San Felipe Neri.

– Bueno, Padre, he completado mi penitencia.

Y le mostró el pollo desplumado.

– Oh, de ningún modo la has completado – le dijo el santo. Ahora regresarás al mercado y en el camino recoges todas las plumas y las pones en una bolsa. Entonces regresas donde mí con la bolsa”.

– ¡Pero eso es imposible! –lloró la señora–, ¡esas plumas deben de estar ahora por toda la ciudad!. 

– Es cierto –replicó el santo–, pero tienes aún menor oportunidad de recoger todos los cuentos que has dicho sobre tus vecinos.

De esta forma la mujer por fin entendió el gran daño que hacía con sus chismes y calumnias.

¡San Felipe Neri, ruega por nosotros!

Tomado de Church POP, 


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