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Que Tan Grande Era La Fe De Abraham Hacia Dios,

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¿SABÍAS QUE DIOS LE PIDIÓ A ABRAHAM ENTREGAR LO MÁS VALIOSO DE SU VIDA… NO PARA DESTRUIRLO, SINO PARA REVELAR HASTA DÓNDE LLEGABA SU FE? Isaac no era un hijo cualquiera. Era el milagro que llegó cuando todo parecía imposible. La promesa que Abraham esperó durante años. La prueba viviente de que Dios todavía podía hacer nacer esperanza donde ya no quedaban fuerzas humanas. Por eso, cuando Dios le pidió subir al monte Moriah y entregarle a su hijo… la petición parecía incomprensible. Qué momento tan desgarrador. Abraham había esperado toda una vida por aquel niño. Y ahora debía caminar hacia un altar cargando justamente aquello que más amaba. Pero esta historia nunca trató solamente de sacrificio. Trataba de confianza absoluta. Dios quería revelar algo mucho más profundo: si Abraham amaba más al regalo… o al Dios que le había dado el milagro. Porque muchas veces las bendiciones pueden ocupar silenciosamente el lugar que solo le pertenece al Creador. El dinero. Los sueños. Las...

La Extraña Penitencia de San Felipe Neri a una Mujer Chismosa

San Felipe Neri fue el patrono de los educadores y humoristas. El llamado Santo de la Alegría también es famoso por ser un gran confesor, pues trataba a sus penitentes de una manera muy particular.

Este es el caso de una mujer chismosa que se acercó a él para confesarse y la extraña penitencia que este santo le impuso.

San Felipe Neri: “Compras un pollo y me lo traes a mí”

Una señora tenía la costumbre de irse a confesar donde San Felipe  y casi siempre tenía el mismo cuento que decir: el de calumniar a sus vecinos. Por eso, San Felipe, le dijo:

– De penitencia vas a ir al mercado, compras un pollo y me lo traes a mí. Pero de regreso lo vas desplumando, arrojando las plumas en las calles conforme caminas. 

La señora pensó que ésta era una penitencia rara, pero deseando recibir la absolución, hizo conforme se le había indicado y por fin regresó donde San Felipe Neri.

– Bueno, Padre, he completado mi penitencia.

Y le mostró el pollo desplumado.

– Oh, de ningún modo la has completado – le dijo el santo. Ahora regresarás al mercado y en el camino recoges todas las plumas y las pones en una bolsa. Entonces regresas donde mí con la bolsa”.

– ¡Pero eso es imposible! –lloró la señora–, ¡esas plumas deben de estar ahora por toda la ciudad!. 

– Es cierto –replicó el santo–, pero tienes aún menor oportunidad de recoger todos los cuentos que has dicho sobre tus vecinos.

De esta forma la mujer por fin entendió el gran daño que hacía con sus chismes y calumnias.

¡San Felipe Neri, ruega por nosotros!

Tomado de Church POP, 


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