Jerico Una Ciudad Impenetrable, Como fue que se Derrumbo ?

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¿SABÍAS QUE DIOS DERRIBÓ UNA DE LAS FORTALEZAS MÁS IMPOSIBLES DEL MUNDO… SIN ESPADAS, SIN CATAPULTAS Y SIN MÁQUINAS DE GUERRA? Jericó era una ciudad impenetrable. Sus muros eran gigantescos. Gruesos. Intimidantes. Una fortaleza diseñada para resistir cualquier ejército. Humanamente, Israel no tenía posibilidad de entrar. No tenían tecnología militar avanzada. No tenían armas capaces de destruir semejantes murallas. Y delante de ellos estaba el obstáculo que bloqueaba completamente el camino hacia la Tierra Prometida. Pero entonces Dios dio una estrategia que parecía absurda. No les ordenó atacar. No les pidió construir armas. Les dijo que marcharan alrededor de la ciudad… en silencio. Qué impactante. Durante seis días, el pueblo caminó rodeando Jericó mientras el Arca del Pacto avanzaba al frente. Y el silencio comenzó a convertirse en tensión. Los habitantes de Jericó observaban desde arriba sin entender qué estaba ocurriendo. Mientras tanto, Dios estaba preparando algo mu...

Jesus Es Presentado En El Templo, "Todo primogénito varón será consagrado al Señor"

Evangelio de Hoy, #EvangelioDeHoy

Lectura del Santo Evangelio Segun san Lucas (2,22-40):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor"), y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones".

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

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