IRS Aumenta la Deducción Estándar y Agrega Nuevos Créditos para las Declaraciones de Impuestos de 2026.

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Los cambios significativos para el año fiscal 2026 incluyen una mayor deducción estándar y varios créditos nuevos o ampliados introducidos por la Ley One Big Beautiful Bill (OBBBA), promulgada el 4 de julio de 2025. Estas cifras de 2026 se aplican a las declaraciones de impuestos que presentará a principios de 2027. 2026 Importes de deducción estándar El IRS ha ajustado la deducción estándar al alza para reflejar tanto la inflación como los nuevos mandatos legislativos: Casado y presentación conjunta: 32.200 dólares (un aumento de 700 dólares a partir de 2025). Jefe de hogar: 24.150 dólares (un aumento de 525 dólares con respecto a 2025). Presentación soltera/casada por separado: $16,100 (un aumento de $350 a partir de 2025). Créditos y deducciones nuevos y ampliados El OBBBA introdujo varios beneficios fiscales específicos a partir de 2025 y 2026: Deducción "Bonus" para personas mayores: los contribuyentes de 65 años o más pueden reclamar una nueva deducción temp...

Hoy Nos Ha Nacido El Salvador,

Hoy nos ha nacido el Salvador.!
Brilla una Luz de Esperanza..! 

Salmo 95: “Hoy nos ha nacido el Salvador”

Tito 2, 11-14: “La gracia de Dios se ha manifestado a todos los hombres”

Lucas 2, 1-14: “Hoy nos ha nacido el Salvador”

 “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is 9,1). Son las palabras que en el ambiente de recogimiento y alegría escuchamos en la noche de Navidad. Es el grito de Isaías que, en medio de las dificultades de Israel, pregona la esperanza a un pueblo oprimido y amenazado, doblegado y al borde de la desesperación. Es también el anuncio lleno de fe y de esperanza que nosotros queremos enviar a todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que, a pesar de la oscuridad y de las sombras por las que caminamos, siguen sembrando ilusiones, llenando de luz, construyendo y reconstruyendo nuestras comunidades.

 Los tiempos de Isaías no eran optimistas ni muchos menos. Sin embargo, anuncia a su pueblo la gloria tras la humillación, la luz en medio de las tinieblas y una inmensa alegría. En la tiniebla, símbolo del caos e imagen de la muerte, surge repentina la luz, como una nueva creación. Algo milagroso que aún no se explica, pero que va brotando y haciéndose realidad. Como el retoño de un vetusto árbol, que poco a poco aparece y va creciendo, tierno y débil, pero lleno de vigor.

 Hoy también, en este día de Navidad, en medio de un mundo devastador, en medio de inseguridades e injusticias, por encima de todas las catástrofes, naturales o provocadas por el descuido humano, queremos alzar nuestra voz para anunciar que no todo está perdido. Queremos alentar la lucha sincera de quienes promueven la justicia y la paz. Queremos unir nuestras manos y nuestras fuerzas a quienes llevan luz y esperanza a nuestro mundo.

Los motivos que Isaías presenta para este gran gozo son: la conclusión de la opresión, que permite el gozo de la cosecha, y el fin de la guerra, que aleja el yugo opresor.

 ¡Cómo quisiéramos hoy poder decir que la corrupción, la discriminación, la pobreza, la miseria y las guerras han concluido! Nos gustaría afirmar que no hay más yugos opresores, y que tenemos la sana alegría de sabernos todos hermanos. Pero no; no han concluido, ni mucho menos, todas estas desgracias que sufre nuestro pueblo. En cambio, podemos afirmar que hay hombres y mujeres que, llenos de esperanza, continúan luchando por un mundo nuevo, y que hoy se ven fortalecidos por las palabras del Señor, que a través de Isaías nos dice: “No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa... No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel; yo mismo te auxilio” (Is 41,10.14).

Así nos sentimos: “gusanito... oruguita”, pero en manos del Señor. Por eso soñamos que nuestros campos producen lo necesario y que sus productos son valorados, y así no sea necesario emigrar para sobrevivir. Anhelamos una mesa llena de alimentos y de bienes, para que todos y todas puedan saciar su hambre de manera digna. Soñamos que todos los hombres y las mujeres son dignamente respetados. Miramos en el futuro a nuestros pueblos reconocidos, queridos, y construyendo su propia historia. ¡Entonces será plena nuestra alegría!

 “Porque un niño nos ha nacido” (Is 9,5). El Niño recién nacido es la máxima expresión de este sueño. Si ha terminado la opresión, si ha concluido la guerra, es porque ha nacido un Niño. Ha aparecido la luz. A lo largo de toda la historia de la Biblia, la luz significa la presencia de Dios, desde el primer día de la creación, hasta el momento en que la Palabra, “que es la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”, se hace hombre y habita en medio de nosotros. Esta es la razón de nuestra alegría y el motivo para seguir luchando: “Un Niño nos ha nacido”. Es Dios hecho hombre quien cambia nuestra oscuridad en luz. La mayor presencia de Dios es hacerse carne como nosotros.

Al igual que los pastores, hoy nosotros nos vemos sorprendidos y “la gloria de Dios nos envuelve con su Luz”. Y a la luz de este Niño, todo cambia. Las tinieblas no pueden vencer a la luz. El egoísmo, la ambición, la corrupción, por grandes que sean, no lograrán vencer a la luz. ¡Esta es la razón de nuestra esperanza! Nuestros pobres esfuerzos están unidos a la debilidad y pequeñez del Niño que se acurruca en los brazos amorosos de María. Pero con este Niño, “Consejero admirable”, “Dios poderoso”, no tendremos miedo. Él hace nacer en nosotros la verdadera esperanza. Por eso hoy nos unimos a todos los hombres en la esperanza. ¡Ha nacido un Niño, que es nuestra esperanza!

El dinamismo de la esperanza cristiana llega sobre todo a los más pequeños y los transforma; los impulsa a construir una nueva sociedad. La esperanza viva es la fuerza milagrosa que nos libra de todas las trampas del desaliento, del círculo vicioso de la queja inútil, de la crítica destructora o de la indiferencia estéril.

 Es hermoso ver cómo los más sencillos, dejando a un lado las frustraciones amargadas, se ponen a construir, y llevan luz y esperanza a todos sus hermanos. El gusanito y la oruguita están construyendo la Nueva Casa, donde todos seamos hermanos y donde todos podamos vivir dignamente.

Que unidos a este Niño “que nos ha nacido”, construyamos todos juntos el Reino de Dios. Que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y mujeres, y que su amor se extienda a toda la tierra.

“Dios todopoderoso, concédenos que, al vernos envueltos en la luz nueva de tu Palabra hecha carne, hagamos resplandecer en nuestras obras la fe que haces brillar en esta Navidad”.
¡Feliz Navidad!

Fuente: Catholic.net

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