Hoy es Fiesta del Beato P. Miguel Pro, Mártir de la Guerra Cristera en México

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Miguel Agustín Pro nació en Zacatecas, México, en 1891. Su familia poseía unas minas, por lo que Miguel pasó su infancia recorriéndolas y compartiendo la vida de los trabajadores mineros. Miguel fue un niño reconocido por su sentido del humor, su alegría y su talento para dibujar, especialmente caricaturas. Cuando, años más tarde, sus hermanas ingresaron a la vida religiosa, su madre, viendo que Miguel se sentía un poco solo y triste, le propuso que fuera a un retiro, a ver si Dios lo llamaba a él también. Así, el jovencito se propuso asistir a un retiro vocacional, del que salió decidido a hacerse sacerdote en la Compañía de Jesús. A los 20 años fue aceptado en el seminario, pero dado que la situación social y política era cada vez más hostil con la Iglesia Católica, él y sus compañeros fueron enviados a estudiar a California. Posteriormente, sería enviado a España donde culminó su formación y fue ordenado sacerdote en 1925, a los 24 años. Cuando retornó a México, el Beato

Vienaventurados Los Que Creen Sin Aver Visto, Evangelio De Hoy,

Lectura del Santo eEvangelio Según San Juan (20,19-31): #EvangelioDeHoy

Al  anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor,

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