Jerico Una Ciudad Impenetrable, Como fue que se Derrumbo ?

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¿SABÍAS QUE DIOS DERRIBÓ UNA DE LAS FORTALEZAS MÁS IMPOSIBLES DEL MUNDO… SIN ESPADAS, SIN CATAPULTAS Y SIN MÁQUINAS DE GUERRA? Jericó era una ciudad impenetrable. Sus muros eran gigantescos. Gruesos. Intimidantes. Una fortaleza diseñada para resistir cualquier ejército. Humanamente, Israel no tenía posibilidad de entrar. No tenían tecnología militar avanzada. No tenían armas capaces de destruir semejantes murallas. Y delante de ellos estaba el obstáculo que bloqueaba completamente el camino hacia la Tierra Prometida. Pero entonces Dios dio una estrategia que parecía absurda. No les ordenó atacar. No les pidió construir armas. Les dijo que marcharan alrededor de la ciudad… en silencio. Qué impactante. Durante seis días, el pueblo caminó rodeando Jericó mientras el Arca del Pacto avanzaba al frente. Y el silencio comenzó a convertirse en tensión. Los habitantes de Jericó observaban desde arriba sin entender qué estaba ocurriendo. Mientras tanto, Dios estaba preparando algo mu...

Vienaventurados Los Que Creen Sin Aver Visto, Evangelio De Hoy,

Lectura del Santo eEvangelio Según San Juan (20,19-31): #EvangelioDeHoy

Al  anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor,

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