Santos Luis y Celia Martin, Los Padres de Santa Teresita del Niño Jesus,

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Santos Luis y Celia Martin, padres de Santa Teresita. Luis nació el 22 de agosto de 1823 en la ciudad francesa de Burdeos y Celia vino al mundo ocho años después. Ambos crecieron en el seno de familias militares y católicas. El padre de Luis, Pierre-François Martin, era capitán del ejército francés. Por ello el futuro santo y sus cuatro hermanos gozaron de los beneficios de quienes eran hijos de militares. Luego que el padre se jubiló, la familia se mudó a Alençon en 1831. Allí Luis estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Al culminar su formación aprendió el oficio de relojero en varias ciudades de Francia. Los padres de Celia Guérin fueron exigentes, autoritarios y rudos. En una de sus cartas a su hermano Isidore, describió que su madre era “demasiado severa; era muy buena pero no sabía darme cariño, así que sufrí mucho”. También afirmó que su infancia y juventud fueron “tristes como una mortaja”. Celia era “inteligente y comunicativa por naturaleza” y que su

Vienaventurados Los Que Creen Sin Aver Visto, Evangelio De Hoy,

Lectura del Santo eEvangelio Según San Juan (20,19-31): #EvangelioDeHoy

Al  anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor,

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